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Heidi Dettwiler, gestora de Miravalle


”El trabajo es mi forma de expresar mi creatividad”.








Si bien Heidi Dettwiler nació en Chile, sus ojos azules, su piel y su pelo claro delatan su ascendencia. Hija de padre suizo, lleva en la sangre ese afán por no quedarse tranquila y hacer cosas sin parar. Como ella dice, su personalidad responde más a la de los europeos y en cosas tan simples como el humor, se define lejos de la picardía chilena y más cerca del estereotipado ‘alemanote’. Sin embargo, al entrar a su hogar, a su templo, como ella le llama, es fácil darse cuenta que su verdadera conexión e identificación no está en el Primer ni el en Tercer Mundo, sino más bien en la milenaria cultura oriental.

Descalza, transita por su hogar cómoda, relajada. Como guiada por una cronología distinta, vive en un ambiente perfumado, donde las micros y el smog de Santiago parecieran no existir. Y es que a ella le gustan las cosas simples, no complicadas y con tiempo, como entrar en una tienda en la India y pasarse horas conversando con su vendedor antes de comprar una prenda, mientras se toman juntos un rico café.

Pero su vida no siempre fue así. Antes de llegar a este estado de tranquilidad y autoconocimiento fue preciso pasar por largos años de tristeza donde la vida no parecía tener sentido. Viajando de un lugar a otro, como escapando, sentía que las cosas se le iban de las manos. No obstante, siempre había algo, un olor, un libro relacionado con la India que, inexplicablemente, le volvía su cable a tierra y le entregaba un poco de paz. “Yo creo que fueron las manitos de mis protectores que me tomaron, me sacaron y me salvaron. Gracias a ellas me di cuenta que había algo interno que yo tenía que aceptar y conocer. Era mi ser espiritual, ese ser al que no le afectaba nada, que nadie podía tocar, agredir, ni violar”.

Ahora, a sus 44 años, vive ligada a un camino budista que le ha permitido seguir conectada con su añorada India y resistir la agitada vida que nos impone occidente. Completamente recargada, preside además Ayur Chile, una institución que se ha propuesto como principal objetivo difundir en nuestro país la medicina Ayurveda como una alternativa válida frente a la medicina alópata. Y como si esto fuera poco, no deja de lado su otro templo predilecto, Miravalle, un refugio construido con la energía y el amor de ella y su marido para entregarlo a quienes “necesitan recargarse, regalonerase, sentirse acogidos y seguros” y donde, por todo el mes de abril, estará uno de los maestros de la medicina ayurveda en el mundo, el doctor Franklin. Como ella dice, hay algo que la mueve, alguien que habla por ella y le da la creatividad para trabajar y beneficiar a los demás.


EL RASTRO DE OTRA VIDA

¿Cómo fue que, dentro de una vida cotidiana tan alejada, te empezaste a conectar con la cultura oriental?
Yo creo que fue una de esas cosas que pasan porque tienen que pasar. De pronto, yo empecé a conectarme con personas que me mostraron otro camino. Empecé a leer otras cosas, el I Ching, el Tao Te King... cosas orientales. No entendía mucho, pero me atraía lo que había detrás. Aprendí a meditar, empecé a descubrir un camino distinto. Aprendí yoga y empecé a sentirme, a instantes pequeñitos, más en paz, más tranquila. Fue ahí cuando decidí que estaba en mis manos cambiar. Eso fue lo más importante.

¿Por qué crees que sientes esa atracción tan fuerte hacia la cultura India, que es tan distinta a la nuestra?
No tengo una explicación lógica. Es simplemente una atracción súper fuerte que sentí desde chica. Veía las imágenes de mujeres vestidas de sari y para mí eran lo máximo. Lo único que quería era estar ahí. Fue una cosa espontánea, que surgió de pronto. Me acuerdo que la primera vez que fui y pisé el suelo indio, no paraba de llorar... Fue lejos la experiencia más feliz de mi vida... Me sentía como en mi casa, sabía donde estaban los lugares, qué comida tenía que comer... todo.

Y ¿cómo explicas esas primeras sensaciones?
Yo creo que tiene que ver con experiencias anteriores, vidas pasadas, porque es raro que uno llegue a un lugar y se sienta tan cómoda, tan a gusto, sabiendo lo que tiene que hacer... A pesar de que es una cultura diametralmente opuesta a la nuestra, yo me sentía como en casa y, hasta el día de hoy, no ha dejado de ser así.

Y si te acomoda tanto ese mundo, ¿cómo lo haces para vivir en Chile y en una ciudad tan en movimiento como es Santiago?
Me cuesta Santiago. Para mí es una ciudad difícil. Yo soy de cosas simples. Me gusta el campo, la vida no complicada, sin formalidades ni etiquetas. Si no tuviera a Miravalle creo que no lo resistiría. Allá estoy mucho más tranquila, pero siento que hay algo que tengo que hacer aquí.

Entonces, ¿cómo lo haces para sobrevivir en esta selva?
Yo soy una persona acelerada que hace miles de cosas a la vez, soy hacedora. Entonces, si no bajo las revoluciones, no resisto. Por eso, tengo mis pequeños rituales que realizo en forma cotidiana. Medito todos los días, tengo mi altar, converso con Buda... Así me mantengo y, además, soporto el ritmo esta ciudad..

DE INDIA A QUILIMARÍ

Hace 12 años que Heidi y su marido llegaron a lo que es actualmente Miravalle, en el valle de Quilimarí, cuarta región. Por esos días era un terreno eriazo, sin vida, de donde no se podía esperar ni el más mínimo cultivo. Llegaron en una camioneta prestada. En ese tiempo no tenían mucho dinero, pero aún así, se les ocurrió comprar ese terreno con una plata que les llegó casi de sorpresa. “Nuestros amigos nos decían que estabamos enfermos: no teníamos plata, recibimos un poco y se nos ocurrió gastarla en este terreno de donde, se suponía, no íbamos a sacar nada”.

Así, Miravalle fue naciendo de a poquito. Primero construyeron su casa, luego la fueron ampliando hasta lograr el centro que es actualmente. “Me acuerdo que una vez trajimos a un suami, que es un hombre santo, para que nos hiciera un retiro. Participaron 24 amigos y dormíamos todos juntos en mi pieza, en el altillo, en sacos de dormir... Fue justo un año que llovió mucho y hubo inundaciones que nos dejaron aislados por una semana. A pesar de eso, estábamos todos felices... Fue ahí cuando decidimos que teníamos que ampliarnos un poquito. Partimos por una sala de meditación, un comedor aparte y así empezamos a crecer... bien de a poquitito... usando materiales reciclados, sin usar productos químicos...tratando de respetar siempre el medio ambiente”.

Y de esas pequeñas ampliaciones, ¿bajo qué idea se creo Miravalle como centro?
Después de todos los cambios que he sufrido, despertó en mí el don de escuchar y sanar a las personas, no tanto en el sentido físico como en el emocional. Lo más claro sería decir que en Miravalle yo quise crear un refugio para el alma, un lugar donde la gente pudiera sentir que está a salvo y que está protegida. Para mí el trabajo es una forma de expresar mi creatividad y aquí yo la expreso beneficiando a los demás. Bajo esa lógica se creo Miravalle.

¿De dónde crees que nació esa necesidad por ayudar a la gente?
Yo creo que surgió de que yo, en general, me he sentido muy desprotegida a lo largo de toda mi vida. Yo creo que de ahí despertó ese sentimiento de querer dar protección, para que la gente se sienta tranquila, se sienta segura, acogida.

Y ¿por qué crees que todo esto tuvo que nacer en Quilamarí y no en otra parte?
Porque hubo una conexión parecida a la que me pasó con la India. Yo he viajado mucho, he estado en cerca de 60 países y en muy pocos lugares me ha pasado algo tan fuerte como querer quedarme, querer echar raíces. Me pasó en la India, en Nepal, en el Tibet... y me pasó aquí en Chile... Para mí significó algo muy fuerte. Sentí que había una conexión, algo que le hacía bien a mi alma. Me acuerdo que cuando recién compramos el terreno yo sentí que no me pertenecía, que yo era una simple guardiana que tenía que cuidarlo lo mejor posible y devolverlo en un estado perfecto, con flores, frutos y belleza.

Desde entonces, ese lugar no ha dejado de recibir energía y amor. Con mucho trabajo de por medio y detalles que se respiran en el aire, Miravalle se presenta como el refugio ideal para quienes quieren hacer una pausa, regalonearse un poquito. “Hay mucha energía puesta y eso se percibe. Yo creo que por lo menos la gente que va, siente que hay amor en todas partes, en los jardines, en los rinconcitos, en las piezas... Y yo creo que eso es real porque, después de todo, lo hemos hecho con mucho amor y lo hemos hecho, simplemente, porque lo hemos querido hacer.

“He visto a mucha gente que por el sólo hecho de estar en Miravalle ha cambiado mucho. Yo estoy convencida de que existen seres invisibles que nos apoyan, seres espirituales que ayudan muchísimo a la gente que lo necesita y que no cree necesariamente en este camino. Hay todo un ambiente especial que hace que la gente reciba energía de sanación”.

LA CIENCIA DE LA VIDA

Ayurveda es un término que se escucha en la India hace unos cinco mil años. Heidi, al igual que miles de otras personas que han viajado a ese país, ha probado los beneficios de esta medicina. Sin embargo, más que quedarse con el bienestar que le produjo el panchakarma, uno de sus tratamientos estrella, decidió traerla a Chile con uno de sus más conocidos representantes y tenerla, al menos por un mes, en el centro Miravalle.

¿Cómo conociste ayurveda y qué encontraste en ella para adoptarla como una alternativa válida?
En la India uno escucha todo el tiempo sobre ayurveda. En sus libros sagrados he leído las cosas más conocidas y me ha interesado mucho su forma de ver la vida. En ellos se habla de esta ‘ciencia de la vida’ como un sistema de vivir en mayor armonía, con una visión más holística de la realidad, en que tú eres parte del todo y el todo es parte tuya.

El ayurveda enfatiza que tu relación con el mundo natural tiene que ser de apoyo y respeto. Si tú quieres cuidar tu cuerpo, quieres mantener tu salud, tu juventud, tienes que cuidar también el cuerpo de la Tierra. A mí me gustó mucho ese enfoqué y sentí que iba de acuerdo a lo que yo creía, a lo que me habían inculcado siempre.

Después de haber conocido sus fundamentos y los beneficios que trae consigo, ¿cuál es tu relación con la medicina alópata? ¿la descartaste completamente?
A la medicina alópata yo la respeto mucho. Me encanta la gente que ha estudiado medicina. Creo que tiene una visión de la vida mucho más profunda que el resto. La encuentro fascinante, pero creo que se ha deshumanizado un poco. A mí por lo menos, cuando le digo al médico que tengo un par de síntomas y ni me mira, me deja una sensación de vacío. Por otro lado, no estoy totalmente cerrada a ella. La evito porque hay otras alternativas, pero si algún día la necesito, la voy a usar.

Además de recurrir a este tipo de tratamientos, eres directora de Ayur Chile, ¿cuál es el principal objetivo de esta institución?
La idea es difundirla la medicina ayurveda para que los seres humanos podamos elegir entre distintas alternativas. Cuando una persona ha tocado muchas puertas y no le han dando resultado, creo que es válido que tenga una puerta más que tocar, porque se trata de su salud, sin la cual, no es nada. El principal objetivo es hacerla conocida como una medicina seria, que no es charlatanería ni esoterismo.

¿Por qué es tan importante la llegada del Doctor Franklin?
Hay muchos médicos que saben que la medicina ayurveda da muy buenos resultados en enfermedades crónicas. El 2003, la Universidad Austral organizó un simposium de medicina complementaria e invitaron, a través de la embajada de la India, a dos médicos ayurveda, pero no pudieron venir porque no encontraron traductores para ellos.... Sin embargo, hay un gran interés, por parte de académicos y médicos titulados en universidades de nuestro país, de conocer esta ciencia. Por eso es que es tan importante que el doctor Franklin, con sus conocimientos y su rigurosidad, hiciera un seminario.

Heidi, después de todo el camino que has recorrido y toda la ayuda que ha implicado tu trabajo, ¿te sientes tranquila, en paz?
Mucho más que antes, pero creo que todavía me queda un tremendo camino por recorrer. Aún soy demasiado imperfecta, tengo un montón de cosas que mejorar y las voy a considerar mejoradas el día en que me vea como una persona sin miedos, sin ansiedades, sin ninguna angustia, ningún pensamiento negativo, que sólo piensa en los demás. Yo creo que ese día voy a decir que sí he alcanzado mi objetivo. Por el momento, todavía tengo pensamientos egoístas, individualistas, tengo ego...; tengo todas las falencias de un ser humano común. Estoy en proceso. Creo que voy a llegar a liberarme. Confío en que voy a liberarme. Pero en cuánto tiempo... pueden ser muchas vidas...
  

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Miravalle - Quilimarí
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